No soy digno de que entres en mi casa.
Ninguna palabra en el mundo bastará para sanarme.
Odio la primavera, siempre mostrada como el cliché de las flores, la brisa templada de una cálida tarde donde los rayos del sol no abrasan, abrazan. Mi concepción de tal, es la época de cansancio, polen, cambios de luz diaria (con consecuencias bioquímicas que afectan mi estado emocional), y por último y más desgradable de todas sus características: el calor, sí la mismísima "calore", nunca he sido una persona cálida, refieriéndome claramente a temperatura corporal, por lo que el aumento de éste resulta en extremo insoportable. Alergías, punto a parte, congestión e inflamación de las vías respiratorias. Primavera te odio, lo único que rescato de ti, es que después de la primavera llega el verano, caluroso también, pero superado por el descanso anual más que necesario conocido como vacaciones. Gracias, Mucho Gusto. Au Revoir